
Pelar guisantes es pesado, entretenido y, a veces, decepcionante. Vas al mercado. Compras tropecientos kilos de guisantes con vaina. Llegas a casa. Te pones a desgranarlos y te quedan en nada. Esa es la decepción. Pero esa labor tiene su compensación porque el sabor de los guisantes frescos – que no congelados- creo que no tiene nada que ver con los embolsados y ultracongelados. También os diré que el plato que hoy os proponemos se puede hacer con guisantes congelados. No queremos ponernos muy puristas, pero hay diferencias.
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 | INGREDIENTES |
- 600 g de guisantes
desgranados
- Una cebolla
- 250 g de guanciale o careta
de cerdo curada
- Una rama de menta fresca
- Una cucharada rasa de harina
- Una cucharadita de anís seco
- Sal
- Un vasito de agua o caldo de
verduras
 | PREPARACIÓN |
- Pelar los guisantes y
reservar.
- Cortar en trocitos pequeños
el guanciale o careta de cerdo curada. Ponerlos en una sartén y cuando estén
dorados, retirar.
- En la misma grasa que ha soltado sofreír la cebolla cortada
en brunoise. Añadir la harina y sofreír ligeramente. Agregar el vasito de agua,
el anís, los guisantes y el guanciale.
- Rehogar unos minutos hasta que los
guisantes estén tiernos, rectificar de sal si fuera necesario.
- Servir caliente.
Bien ricos deben estar cocinados así, pero como más me han gustado siempre han sido crudos, recogidos directamente de su mata, en el huerto que tenía mi padre, los tiernos eran una delicia. Estoy contigo en que nada tienen que ver los frescos con los congelados.
ResponderEliminarUn beso.