jueves, 23 de octubre de 2014

MILHOJAS DE MEMBRILLO


Uno de los signos de la llegada del otoño es la aparición de membrillos en los mercados. Es un fruto que hay que trabajar en la cocina porque no se puede comer así sin más, como quien pela una manzana. Hay que transformarlo en dulce de membrillo tal como ya explicamos en su día. En aquella ocasión decíamos que es buenísimo si lo acompañamos con queso tierno o semicurado. 
Pues bien, hoy queremos dar fe de ello, como si fuésemos unos notarios de los fogones. Para ello, hemos elaborado unas milhojas a base de ir intercalando láminas de dulce de membrillo, queso y pera conferencia. Para decorar, unas hojas de escarola que dan volumen al bocado, pistachos troceados y una reducción de vinagre de Módena. Sencillo y potente. Aunque el dulce de membrillo se puede comer durante todo el año hemos creído oportuno traerlo a la mesa justo ahora, recién hecho, cuando está en su mejor momento. Probadlo también en ensalada, con escarola, manzana, granadas y nueces. Puro otoño en el paladar.

RECETA

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INGREDIENTES
  • Dulce de membrillo.
  • Queso manchego semicurado.
  • Peras de conferencia.
  • Unas hojas de escarola.
  • Pistachos sin sal para decorar.
  • Reducción de vinagre de Módena

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PREPARACIÓN
  1. Cortar el dulce de membrillo en láminas muy finas y con la ayuda de un cortapastas darle la forma deseada.
  2. Preparar las milhojas colocando alternativamente el membrillo, la pera cortada en láminas finas, el queso, la escarola y acabar con el membrillo. Repetir la operación.
  3. Decorar con unos pistachos cortados en trocitos y un chorro de reducción de Módena.






sábado, 18 de octubre de 2014

SALSA PESTO


El otro día entré en un “garden” con la intención de dar una vuelta, pasar la tarde y recrearme viendo plantas y flores. No tenía intención de comprar nada, pero ya se sabe que cuando ves tanta variedad de plantas es difícil resistirse a la tentación de comprar alguna. Total, que salí de la tienda con tres macetas de albahaca. No eran caras, pero tres eran muchas y decidí sacrificar una. Sin llegar a pelarla, cogí unas cuantas hojas y entré en la cocina dispuesta a hacer una salsa pesto para usarla como acompañamiento de cualquier tipo de pasta o de una simple ensalada de tomate.

La salsa pesto, originaria de la Liguria italiana, se caracteriza por el color verde que le da la albahaca. Los demás ingredientes son un buen aceite de oliva, unos piñones, ajo y queso parmesano o pecorino. Pero el color dominante es el verde, el color por excelencia de la Naturaleza, que representa la armonía, el equilibrio, la frescura, que relaja y al que se le atribuyen propiedades curativas. El verde es anuncio de vida nueva. Es el color de la primavera. He leído no sé dónde que, puestos a destacar un aspecto negativo del verde, es que es un color que caracteriza el egoísmo, la envidia. Para que nadie tenga envidia de mi pesto hago pública esta receta.


RECETA

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INGREDIENTES
  • 50 g de albahaca fresca.
  • 60 g de queso parmesano rallado.
  • 50 g de piñones.         
  • 1 diente de ajo (sin el germen)
  • 160 ml de aceite de oliva.
  • Sal (opcional)

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PREPARACIÓN
  1. Lavar y secar bien las hojas de albahaca.
  2. Triturar los piñones, el diente de ajo, la albahaca e ir añadiendo el aceite en forma de hilo sin dejar de batir.
  3. Retirar de la batidora y mezclar el queso rallado.
  4. Rectificar de sal si fuera necesario.
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CONSEJO
    Esta salsa pesto puede congelarse para ser usada posteriormente.